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Que el emprendedor no sea un obstáculo para crecer el negocio

Escrito por Nicolle Arroyave | junio 2016

Cada vez está más claro: ningún proyecto exitoso puede girar alrededor de su propio fundador.

Cuando uno se pregunta cómo iniciar una empresa vienen miles de ideas a la mente. Muchas tienen que ver con la visión a largo plazo, cómo nos vemos en 5 o en 10 años… pero la verdadera reflexión debe estar en el paso uno, antes que en el paso cien.

El problema en la consolidación de las start ups es que quieren correr y quieren hacerlo solas.

Una vez que ya pasaste la parte del arranque, que ya tienes buenos productos y que ya ganaste el interés del cliente viene el camino al largo plazo. Las cosas no se van a mantener siempre con una buena salida.

Un corredor sabe que necesita un gran arranque para tener posibilidades de llegar antes a la meta pero nadie da medallas al “mejor arranque” sino al que llega primero y los periódicos no publican fotos del corredor que arrancó mejor, sino del que tiene los brazos alzados y lo escolta el resto.

Y hablando de la consolidación, el impulsor puede convertirse en su propio obstáculo. A una empresa no la mata el mercado, muchas se suicidan debido a que sus fundadores nunca supieron adaptarse a las necesidades de su propia organización.

No es lo mismo tomar una decisión al día que cincuenta. Y ahí radica el problema. El fundador de la start up quiere seguir teniendo siempre el control de todos los detalles y su revolucionaria cabeza no le da para elegir el tono de magenta que van a llevar las tarjetas de presentación de los vendedores, hay cosas de las que tiene que desapegarse para poder seguir teniendo la mirada al frente.

A veces no se es consciente del propio tamaño y eso puede lastimar a toda la organización.

El Wall Street Journal hizo recientemente un reportaje sobre Kimy Sanders, que comenzó con un pequeño negocio de venta de pasteles de limón en Miami, Florida. Su receta es tan exitosa que pronto la tenían multiplicando al mil por ciento su producción en cuestión de meses. Entonces fundó con su esposo “Lemonke”, donde él se encargaba de la administración y ella de la producción.

Todo era éxito tras éxito pero había algo que no les dejaba multiplicar ese mil por ciento a dos mil, a diez mil por ciento. Pues Kimy quería estar en el proceso de casi todos los envíos y quería felicitar personalmente en sus cumpleaños a todos sus clientes.

Pronto sus días eran solo llamadas de cumpleaños y charlas interminables que si bien le daban un excelente posicionamiento, no le dejaban dar todo su potencial. Así perdió el control de calidad y eventualmente la producción cayó. La empresa no desapareció, pero lo que se esperaba de ella nunca fue una realidad.

Un estudio del Strategic Management Journal descubrió, luego de analizar más de 5 mil empresas como las de Kimy, que los fundadores que mantienen un poderoso protagonismo en su empresa a medida que crece pueden dañar las perspectivas de la misma.

Los fundadores suelen utilizar su carisma e inteligencia en todo momento.

Todo emprendedor sabe que su encanto les puso donde están, pero todos los recursos son finitos y llega el punto en que una empresa debe tener su propio carisma y no depender completamente del sello de quien la formó.

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Temas: Emprendimiento

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