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¿Cómo fijarse propósitos de año nuevo sin dejarlos inconclusos?


Llega el final de otro año, y nos decepcionamos al ver que aquellas metas que nos prometimos cumplir al 31 de diciembre pasado, nuevamente están latentes en nuestras vidas como tareas pendientes que se nos pasó realizar.

El sentimiento de culpa en muchos es tan agudo, que hay quienes incluso ya no toman decisiones para este nuevo año.

Lo cierto es que las metas no son más que nuestros sueños, a los que les estamos poniendo fecha para cumplirlos. Por eso es tan importante fijamos metas; porque nos recuerdan cuáles son aquellos sueños que deseamos alcanzar con todas nuestras fuerzas. Pero más importante es cumplir dichas metas, pues esto mejora nuestra autoestima y nos permite avanzar en lo que buscamos para nuestra vida.

Aquellos que son incapaces de trazarse metas claras son también incapaces de soñar y corren el riesgo de vivir todos los días del año preocupados en el presente inmediato, sin alzar la mirada hacia lo que realmente buscan a largo plazo.

Si las actividades diarias no van acompañadas de metas fijas, esas mismas actividades nos terminan ahogando en rutinas sin sentido, que cada día nos alejan más de aquello que soñábamos hacer cuando éramos niños y jóvenes.

Bajar de peso, aprender ese idioma, conocer personas nuevas, realizar finalmente ese viaje por Europa o Sur América, empezar esa carrera o ese curso para aprender un nuevo oficio, etc.

Hay tantas metas y sueños como tipos de personas. Lo cierto es que sin importar cuál sea tu meta es importante seguir ciertas condiciones, y así cada año no tendrás que repetirte las mismas metas inconclusas una y otra vez, sino poder ir avanzando en tus anhelos.

Primero, los psicólogos expertos recomiendan dejar de lado los propósitos generales y reducirlos a objetivos concretos. En el caso de quienes quieren mejorar su figura, por ejemplo, la promesa no debe ser bajar de peso, sino establecer una cantidad específica de libras a perder en un tiempo determinado. O, como escribió en The New York Times: “Quien va a comenzar una dieta es mejor que se centre en mejorar una de las tres comidas diarias y no todas a la vez. El dicho popular de que el que mucho abarca poco aprieta aplica para estos casos. ”

Por otra parte, quien hace una promesa también debe preguntarse si los planes realmente se ajustan a las necesidades propias o ajenas. Según Patricia Morales, experta en organización profesional, uno de los errores más comunes es que mucha gente pretende imitar metas que se fijan otros sin evaluar, de pronto estas no son necesarias para su vida o que no se tienen las mismas capacidades, financieras o físicas, para alcanzarlas. 'Hay personas que empiezan a estudiar francés solo porque el vecino lo hizo, cuando la prioridad para su trabajo es aprender primero inglés', comenta Morales.

Para Adoree Durayappah, máster en Psicología de la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos, otro de los retos con este tipo de propósitos es que no basta con cumplirlos, sino que también se debe mantenerlos. La encuesta del profesor Norcross, en Estados Unidos, mostró que solo el 46% de los participantes mantuvo sus promesas por seis meses. Esa capacidad de mantener los propósitos, explicó Durayappah a SEMANA, implica utilizarla autorregulación, que es la facultad de controlar los pensamientos, sentimientos, impulsos o apetitos. El problema cuando las promesas no se cumplen, dice Waseman, es que esa Postración es perjudicial psicológicamente, porque la persona pierde su sentido de autocontrol. En este caso las metas se convierten en una tortura más que en una motivación, y por eso muchos prefieren no adquirir compromisos. 'Es más fácil decir no me comprometo, y así la persona se quita un peso de encima', anota Castrillón.

Por eso los expertos coinciden en que, sin importar cuál sea el propósito, la idea es disfrutar. Y lo mejor es no esperar a que el año se acabe para fijarse metas en la vida.






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